El coloso

Quien soy
Lluís Enric Mayans
@lluisenricmayans
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Biografía

El coloso

Por John O'Bryan

Reparto: Galio

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"¡Ponte detrás de mí, demaciano! Puede que no te hayas dado cuenta, pero soy muy grande". - Galio

Fuera de la resplandeciente ciudad de Demacia, el coloso de piedra Galio vigila atentamente. Construido como un baluarte contra los magos enemigos, a menudo permanece inmóvil durante décadas hasta que la presencia de una poderosa magia lo revive. Una vez activado, Galio aprovecha al máximo su tiempo, saboreando la emoción de una pelea y el raro honor de defender a sus compatriotas. Pero sus triunfos son siempre agridulces, porque la magia que destruye también es su fuente de reanimación, y cada victoria lo deja dormido una vez más.



Coloso

Los inicios de Galio comenzaron despu√©s de las Guerras R√ļnicas, cuando los refugiados de las tierras huyeron del poder destructivo de la magia. Algunos dicen que en el oeste de Valoran, una banda de estas personas desplazadas fue perseguida por una banda feroz de magos oscuros. Agotados por d√≠as sin descanso, los refugiados se escondieron entre las sombras de un antiguo bosque petrificado. Los hechiceros que los persegu√≠an de repente encontraron que su magia era ineficaz en los extra√Īos bosques.

Parecía que los árboles fosilizados eran un amortiguador mágico natural, y cualquier hechicería utilizada dentro de ellos simplemente se esfumaría al lanzarlos. Ya no indefensos, los refugiados volvieron sus espadas contra los magos oscuros y los expulsaron de la tierra.

Algunos decidieron que este santuario de la magia era un regalo de los dioses, otros lo vieron como una justa recompensa por su terrible viaje, pero todos estuvieron de acuerdo en que este debería ser su nuevo hogar.



Con el paso de los a√Īos, los colonos elaboraron art√≠culos de protecci√≥n de la madera encantada. Finalmente, descubrieron que se pod√≠a mezclar con ceniza y cal para hacer petricita, un material con una poderosa resistencia a la magia. Ser√≠a la base de su nueva civilizaci√≥n, formando los muros del nuevo reino de Demacia.

Durante a√Īos, estas barreras de petricita fueron todo lo que los demacianos necesitaron para sentirse seguros de la amenaza de la magia dentro de las fronteras de su tierra natal. En el raro caso de que tuvieran que resolver un conflicto en el extranjero, sus fuerzas armadas demostraron ser feroces y formidables. Pero cuando sus enemigos emplearon la hechicer√≠a, el ej√©rcito errante de Demacia tuvo poco para contrarrestarlo. Los ancianos del reino decidieron que, de alguna manera, necesitaban llevar la seguridad de sus muros amortiguadores de magia a la batalla. Encargaron al escultor Durand que dise√Īara alg√ļn tipo de escudo de petricita para los militares, y dos a√Īos m√°s tarde el artista dio a conocer su obra maestra. Si bien no era lo que muchos esperaban, la gran estatua alada de Galio se volver√≠a vital para la defensa de la naci√≥n, y tambi√©n servir√≠a como s√≠mbolo del poder de Demacia en Runaterra.

Cada vez que el ejército se desplegaba para enfrentar una amenaza mágica, movilizaban a Galio. Usando un sistema de poleas, trineos de acero e innumerables bueyes, tirarían de la gran figura de piedra al campo de batalla. La presencia de tanta petricita anuló fácilmente casi cualquier ataque arcano, dando a las personas que una vez habían huido de la magia la capacidad de enfrentarla de frente en una guerra abierta. Muchos aspirantes a invasores quedaron paralizados ante la visión de la imponente figura que se alzaba sobre los árboles ante ellos: el titán que 'comió magia' inspiró un reino y aterrorizó a quienes se oponían a él. Mientras tanto, nadie pensó en considerar lo que podría hacer exponer la estatua a cantidades tan incalculables de energía arcana ...



El extra√Īo efecto de esas magias alterar√≠a el curso de la historia. Demacia se hab√≠a visto envuelta en una agotadora batalla con las fuerzas noxianas en las monta√Īas Colmillo Verde del norte de Valoran. Sin el conocimiento de los demacianos, Noxus hab√≠a reunido un grupo de √©lite de magos de guerra conocido como el Pu√Īo Arcano. Cuando las fuerzas terrestres invasoras inmovilizaron a los demacianos en un gran valle, el Pu√Īo Arcano los bombarde√≥ con rayos crepitantes de puro poder m√≠stico. Para sorpresa de los demacianos, los proyectiles atravesaron el campo anti-m√°gico de Galio.

Durante trece d√≠as, el ej√©rcito demaciano fue golpeado por sus enemigos, y los que sobrevivieron sintieron que su moral se evaporaba por horas. Justo cuando sus esp√≠ritus no pod√≠an bajar, escucharon el estruendo demasiado familiar de explosiones arcanas desgarrando sus filas. Pero esta vez, las explosiones fueron seguidas por un nuevo sonido. Un rugido lento y ensordecedor sacudi√≥ el valle, como si dos monta√Īas se chocaran entre s√≠. Cuando una gran sombra creci√≥ sobre ellos, las aterrorizadas tropas demacianas se estremecieron, prepar√°ndose para la muerte.

"¬ŅLuchamos?" Grit√≥ una voz profunda desde arriba.

Para asombro de los demacianos, el sonido provenía del imponente coloso a sus espaldas. Galio se movía y hablaba completamente solo. De alguna manera, la acumulación de magia absorbida le había dado vida.

Los espectadores atónitos miraron boquiabiertos al titán, luchando por dar sentido a lo que estaban viendo. Antes de que pudieran comprenderlo, otro proyectil ardiente descendió hacia el campamento demaciano en la trayectoria perfecta para acabar con los pocos soldados que quedaban. Galio se arrojó al frente de la tropa, protegiéndolos y absorbiendo el ataque con su enorme estructura de piedra.


Galio se volvi√≥ hacia la fuente del proyectil y vio a cinco humanos diminutos en las laderas de la monta√Īa vecina.


"¡Magos enemigos! ¡Hagamos violencia!" gritó el coloso.

Mientras sub√≠a por la ladera de la monta√Īa, los noxianos concentraron todo su esfuerzo en un embudo concentrado de energ√≠a arcana que habr√≠a derretido casi cualquier piedra en Valoran. Pero cuando el embudo se disip√≥, los magos vieron que el tit√°n permanec√≠a de pie, con los ojos cerrados y brillando c√°lidamente, como si estuviera bebiendo la magia ofensiva. Luego, con un entusiasmo casi juvenil, Galio sigui√≥ subiendo las pistas y aplast√≥ el Pu√Īo Arcano en el suelo escarpado.

Cuando las fuerzas noxianas restantes huyeron, los demacianos supervivientes estallaron en vítores de victoria. Estaban ansiosos por agradecer al centinela petricita que les había salvado la vida, pero tan pronto como había cobrado vida, el temible protector había dejado de moverse, volviendo a la misma pose que siempre había sostenido en su pedestal.

De vuelta a casa, la extra√Īa historia del coloso viviente fue contada en voz baja por los pocos que hab√≠an sobrevivido a la Batalla de los Colmillos Verdes. Pero siempre se recibi√≥ con silenciosa incredulidad, como se recibir√≠an los cuentos de un loco. Finalmente, aquellos que hab√≠an presenciado la animaci√≥n de Galio simplemente dejaron de hablar de ello, por temor a que se cuestionara su cordura. Se convirti√≥ en una mera leyenda, quiz√°s una alegor√≠a inventada en la antig√ľedad para ayudar a las personas en tiempos dif√≠ciles.

Nadie de los cuatro rincones del reino hubiera cre√≠do que el coloso continuaba viendo todo lo que suced√≠a a su alrededor. Incluso mientras estaba inm√≥vil, mantuvo su conciencia, anhelando experimentar la sensaci√≥n visceral de la batalla una vez m√°s. Golpear a los enemigos con pu√Īos de piedra gigantes fue emocionante, pero quedar atrapado en un cuerpo de piedra gigantesco, incapaz de moverse, fue tr√°gico.

Obligado a observar en silencio, Galio vio pasar a los humanos debajo de √©l, rindi√©ndole tributo a√Īo tras a√Īo, como un sue√Īo lejano y nebuloso. Aunque sab√≠a muy poco sobre ellos individualmente, comenz√≥ a sentir que los conoc√≠a como pueblo. Le desconcert√≥ verlos desaparecer uno por uno a medida que pasaba el tiempo, aparentemente reemplazados por nuevos cuerpos con nuevas vidas propias.

Se pregunt√≥ ad√≥nde fueron cuando desaparecieron. ¬ŅQuiz√°s fueron enviados a ser reparados, como lo fue Galio cuando regres√≥ de una pelea?

Despu√©s de una de las muchas batallas contra los b√°rbaros de Freljord, Galio vio largas columnas de hombres que llevaban lo que parec√≠an catres cubiertos de regreso a la ciudad. Cuando la procesi√≥n pas√≥ junto a √©l, una de las mantas se desprendi√≥ y dej√≥ al descubierto el rostro p√°lido e inm√≥vil de un joven soldado. Era un ni√Īo que Galio hab√≠a visto antes, y el coloso no pod√≠a entender por qu√© alguien tan audaz elegir√≠a ser transportado en una camilla cubierta por la ciudad. Galio comenz√≥ a darse cuenta de la triste respuesta a su pregunta: a diferencia de √©l, no se pod√≠a volver a pintar a la gente ni reparar f√°cilmente los da√Īos. Los humanos eran criaturas fr√°giles y ef√≠meras, y ahora comprend√≠a cu√°nto necesitaban su protecci√≥n. Pelear hab√≠a sido su pasi√≥n, pero la gente ahora era su prop√≥sito.

Desde entonces, Galio ha podido unirse a la lucha solo un pu√Īado de veces, a veces pasando siglos sin moverse. La magia es m√°s rara en el mundo de lo que era antes, por lo que permanece en su estado latente, observando el mundo a trav√©s de la oscuridad de sus sue√Īos despiertos. La mayor esperanza de la estatua gigante es ser bendecida por una magia tan poderosa que nunca m√°s se ver√° obligado a dormir.

Solo entonces Galio podrá realmente cumplir su propósito, permanecer de pie y luchar para siempre como el protector constante de Demacia.

"No existe la redención. Sólo la penitencia". - Galio

Mucho antes de la regulación de la magia, los magos experimentaron con la creación de vida artificial. Ahora prohibido, infundir razón a los golems no era una práctica tan infrecuente entre los artesanos más expertos. Uno de esos visionarios fue el artífice demaciano, Durand. Sin igual en la creación de seres sensibles, los constructos de Durand sirvieron como guardianes incansables de las ciudades fronterizas de su amada ciudad-estado, brindándoles protección de sus vecinos noxianos.

Sin embargo, para su propia defensa, Durand mantuvo su obra maestra: Galio. Esta poderosa construcción, forjada a imagen de una gárgola, lo mantuvo a salvo en sus viajes, lo que le permitió realizar su importante trabajo sin temor a represalias por parte de los hostiles a su tierra natal. Es decir, hasta que lidiar con sus exigentes centinelas finalmente provocó la ira del Alto Mando Noxiano. Mientras Durand cruzaba el Pantano de los Aullidos con su obra maestra a cuestas, fue atacado por asesinos noxianos en masa.

Superado en n√ļmero y abrumado, Galio mir√≥ con horror c√≥mo los asesinos cortaron su cargo, ejecut√°ndolo r√°pidamente antes de desaparecer de nuevo en la niebla. Despojado de su raz√≥n de ser, Galio se desesper√≥. Durante a√Īos permaneci√≥ en soledad, vigilando los huesos del maestro que no hab√≠a podido proteger ... un monumento literal a su propia verg√ľenza eterna. Entonces, un d√≠a indescriptible, un yordle triste pero decidido chica que llevaba una poderosa corona demaciana se detuvo a la sombra del gran estatua para descansar.

Oculto a la vista de su visitante desprevenido, Galio estudió al yordle desamparado. Parecía como si ella también cargara con una tremenda carga. Tan silenciosa y estoicamente como había llegado, partió en dirección a Demacia. Este encuentro encendió una chispa en los ojos de Galio. Recordando la causa por la que su amo había muerto defendiendo, Galio se levantó de su silencioso purgatorio y siguió la estela de esta valiente criatura. Tenía una nueva razón para vivir: luchar por la voluntad de Demacia.

"No existe la redención. Sólo la penitencia". - Galio

Mucho antes de que la Liga regulara tal magia, los magos experimentaron con la creación de vida artificial. Ahora prohibido, infundir razón a los golems no era una práctica tan infrecuente entre los artesanos más expertos. Uno de esos visionarios fue el artífice demaciano, Durand. Sin igual en la creación de seres sensibles, los constructos de Durand sirvieron como guardianes incansables de las ciudades fronterizas de su amada ciudad-estado, brindándoles protección de sus vecinos noxianos.

Sin embargo, para su propia defensa, Durand mantuvo su obra maestra: Galio. Esta poderosa construcción forjada en la imagen de una gárgola lo mantuvo a salvo en sus viajes, lo que le permitió realizar su importante trabajo sin temor a represalias por parte de los hostiles a su tierra natal. Es decir, hasta que lidiar con sus exigentes centinelas finalmente provocó la ira del Alto Mando Noxiano. Mientras Durand cruzaba el Pantano de los Aullidos con su obra maestra a cuestas, fue atacado por asesinos noxianos en masa.

Superado en n√ļmero y abrumado, Galio mir√≥ con horror c√≥mo los asesinos cortaron su cargo, ejecut√°ndolo r√°pidamente antes de desaparecer de nuevo en la niebla. Despojado de su raz√≥n de ser, Galio se desesper√≥. Durante a√Īos permaneci√≥ en soledad, vigilando los huesos del maestro que no hab√≠a podido proteger ... un monumento literal a su propia verg√ľenza eterna. Luego, en un d√≠a indescriptible, un yordle triste pero decidido chica que llevaba una poderosa corona demaciana se detuvo a la sombra de un gran estatua para descansar.

Oculto a la vista de su visitante desprevenido, Galio estudió al yordle desamparado. Parecía como si ella también cargara con una tremenda carga. Tan silenciosa y estoicamente como había llegado, partió en dirección a Demacia. Este encuentro encendió una chispa en los ojos de Galio. Recordando la causa por la que su amo había muerto defendiendo, Galio se levantó de su silencioso purgatorio y siguió la estela de esta valiente criatura. Tenía una nueva razón para vivir: unirse a League of Legends y luchar por la voluntad de Demacia.

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